
En la vida le debo mucho a las palabras, que hagan correr la sangre por mis venas, que enciendan mi alma por dentro como una bombita de bajo consumo, que se vuelvan mi unico medio de alzar mi voz al mundo que de otra manera, solo sonaria como un fino hilito a punto de quebrarse, que gracias a ellas tengo el privilegio de encontrar las formas mas cuasi exactas de expresarle a la gente que quiero lo que son para mi, que fueron el medio de escape por el cual me drene de mi misma en aquellas situaciones en las que queria ser Houdini y hacer escapismo de mi propia vida, pero nunca pense que les iba a deber que me acercaran a el. Si, a el, ese ser que vino a revolver y dar vuelta mis conceptos de la vida y el amor, a desempolvar aquel objeto amorfo y resquebrajado que resulto ser un corazon, hacerme sonreir sin un apice de culpa por ser feliz, a demostrarme que pensar en un futuro es posible, a hacerme sentir hermosa aunque no me parezca en absoluto al modelo social señalado como tal, a ver virtudes en mi que nunca nadie antes habia visto y por sobre todas las cosas a demostrarme que el amor no era una idea loca que habia imaginado en mi cabeza. El llego en el mismo momento en que la muerte se estaba llevando otro pedacito de mi, para cubrir con suavidad y comprension todas mis carencias. El miro mi alma a traves de una carta que escribi para una amiga en su cumpleaños, y pudo ver cosas que normalmente no salen a la luz y mucho menos a simple vista, pudo posar sus ojos en mi sentir y decidir que yo valia la pena. Creo que todas las personas deberian conocerce asi, es la unica manera de cerrar los ojos de la cara, abrir los del alma y amar la esencia de quien tenemos frente pero no sabemos como se ve. El es Diego, quien camina conmigo desde hace casi 6 meses y no me suelta la mano nunca. Y que les voy a decir que no se diga por si solo, yo lo amo. Asi que, palabras, les debo mas de una, otra vez mas.


